Masaaki Hatsumi
Secrets from the Ninja Grandmaster
"Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones"
Jorge Luis Borges
Un maestro y su discípulo caminan.
El discípulo pregunta: “¿Adónde vamos, maestro?”
El maestro responde: “Ya estamos”.
Podrá pensar el lector que, por contra, el mismo Platón era un buen alumno de su maestro Sócrates, pero nada más lejos de la realidad, no hay que confundir el respeto con la superación del maestro: Platón fué un buen alumno de Sócrates, pero supo ir más allá del camino que le dibujó su maestro, empezando por escribir sus pensamientos, cosa que Sócrates nunca hizo por ser contraria a su forma de entender la filosofía. Sin embargo Platón hizo uso de una metodología que no aprobaba su maestro, construyéndose a sí mismo (e incluso construyendo una imagen de su maestro, ya que, a falta de escritos de Sócrates, los de Platón son una de las pocas fuentes que quedaron para reflejar también su pensamiento) y se ganó el puesto de uno de los más grandes en el campo de la filosofía.¡Ahora yo me voy solo, discípulos míos! ¡También vosotros os vais ahora solos! Así lo quiero yo.
En verdad, éste es mi consejo: ¡Alejaos de mí y guardaos de Zaratustra! Y aún mejor: ¡avergonzaos de él! Tal vez os ha engañado.
El hombre del conocimiento no sólo tiene que poder amar a sus enemigos, tiene también que poder odiar a sus amigos.
Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo. ¿Y por qué no vais a deshojar vosotros mi corona?
Vosotros me veneráis: pero ¿qué ocurrirá si un día vuestra veneración se derrumba? ¡Cuidad de que no os aplaste una estatua!
¿Decís que creéis en Zaratustra? ¡Mas qué importa Zaratustra! Vosotros sois mis creyentes, ¡mas qué importan todos los creyentes!
No os habíais buscado aún a vosotros: entonces me encontrasteis. Así hacen todos los creyentes: por eso vale tan poco toda fe.
Ahora os ordeno que me perdáis a mí y que os encontréis a vosotros; y sólo cuando todos hayáis renegado de mí volveré entre vosotros.
En verdad, con otros ojos, hermanos míos, buscaré yo entonces a mis perdidos; con un amor distinto os amaré entonces.
Así habló Zaratustra
Así es, Zaratustra no quiere discípulos que le sigan, quiere amigos que caminen a su lado. Es inevitable seguir a alguien alguna vez en nuestra vida, pero este seguimiento debe ser entendido como un periodo de instrucción, una preparación para caminar solos. Hay que "matar al padre", mientras tanto seguiremos siendo niños de la mano de un adulto. Cuando la idolatría impregna nuestro criterio nos convierte en una mala copia del original, unos seguidores que adolecen de falta de objetivos, una sombra de los pies que perseguimos, una firma robada,... un artista vuelto artesano.
Todo el mundo tiene unos padres a los que, la mayoría, respetamos, pero, a pesar de ello, rara vez coincidimos con ellos, porque su realidad no es la nuestra. Así, mientras aún somos niños, les escuchamos con devoción, pero ya de adolescentes empezamos a trazar nuestro camino. Y digo adolescentes, pues suele suceder que al compararnos con nuestro maestro nos veamos siempre como niños, pero ¿hasta cuándo podemos alargar nuestra infancia?¿hasta cuándo debemos alargarla? Porque el tiempo de vida es finito, no estaremos aquí para siempre, y de nosotros depende el que, cuando dejemos este mundo, lo hagamos como un viejo sabio, alumnos de maestros y maestro de alumos, o como niños que pasaron su vida jugando bajo la vigilancia de sus mayores.